Chèvretaler
El “Chèvretaler” es un queso ecológico de cabra elaborado por la cooperativa De Mèkkerstee en Ouddorp, un pequeño pueblo de la provincia holandesa de Holanda Meridional. Un aspecto especialmente destacable es que esta granja apuesta por la inclusión laboral, ofreciendo oportunidades de trabajo a personas con discapacidades.
Aunque la elaboración del queso se realiza en De Mèkkerstee, su maduración —que puede durar entre cuatro y ocho semanas— tiene lugar en las bodegas de Treur Kaas, donde los quesos reposan sobre estantes de madera.
De este modo, en la producción del “Chèvretaler” intervienen dos queserías que colaboran en diferentes etapas: De Mèkkerstee se encarga de la fabricación, mientras que Treur Kaas asume la maduración y la comercialización bajo la marca “Mèkkerstee”. No son competidores, sino aliados dentro de la misma cadena de valor.
El Chèvretaler es un queso de cabra holandés creado por la quesería De Mèkkerstee en Ouddorp y afinado por Treur Kaas. Su nombre combina chèvre (cabra, en francés) con un guiño a los quesos alpinos tipo Emmental, aludiendo a su pasta con ojos característicos. Se elabora con leche pasteurizada de cabra procedente del propio rebaño ecológico de la granja. Su maduración es breve, de solo unas pocas semanas, lo que preserva un perfil suave y una textura notablemente elástica y cremosa. La pasta es marfil pálido, flexible y salpicada de agujeros medianos; la corteza, presenta un recubrimiento encerado o parafinado, típico de quesos de cabra holandeses, muestra un tono amarillo claro. En cuanto a sus características organolépticas, desprende un aroma láctico y limpio, con notas delicadas que recuerdan la mantequilla fresca y la nuez. En boca destaca por su sabor suave, ligeramente dulce, con un toque caprino muy moderado y un final untuoso que lo hace especialmente accesible para quienes buscan quesos de cabra de perfil amable.
El Chèvretaler es un queso de cabra versátil, ideal para quienes buscan un sabor suave y cremoso con un toque caprino delicado. Su textura elástica y ligeramente húmeda lo hace perfecto para cortar en lonchas finas o cubos y añadir a ensaladas, sándwiches o tablas de quesos. Combina muy bien con frutas frescas y secas, como uvas, manzanas o nueces, así como con panes rústicos o baguettes, que equilibran su suavidad. En la cocina puede fundirse ligeramente sobre gratinados, quiches o tartas saladas sin perder su carácter, aportando untuosidad y un toque láctico agradable. Para maridarlo, los mejores acompañamientos líquidos incluyen vinos blancos frescos y afrutados, como Sauvignon Blanc o Chenin Blanc, que realzan su delicadeza, y también cervezas ligeras o sidras, que armonizan con la suavidad del queso. Su perfil amable permite disfrutarlo tanto en aperitivos como en platos principales, resaltando la naturalidad y frescura de la leche de cabra.
