Le 1608 de Charlevoix
La Laiterie Charlevoix nació en 1948, cuando Stanislas Labbé y Elmina Fortin compraron una pequeña lechería en Baie‑Saint‑Paul, corazón de la región de Charlevoix. En sus primeros años, la familia embotellaba leche de su propio rebaño y de productores locales, distribuyéndola por la región y hasta la Côte‑Nord. Con el tiempo, y frente a la presión de las grandes empresas lácteas, la lechería cambió su rumbo: en los años 80 decidió abandonar el embotellado para centrarse en la producción de quesos, especialmente cheddar, marcando el inicio de su reputación como productora de quesos finos y artesanales. Su ubicación, rodeada de montañas, valles rurales y el río San Lorenzo, no solo aporta belleza al lugar, sino que también la integra a la famosa “Route des Saveurs”, un recorrido que celebra los sabores auténticos de Charlevoix.
Hoy, la Laiterie Charlevoix sigue siendo una empresa familiar dirigida por la cuarta generación de la familia Labbé, que combina tradición artesanal y sostenibilidad. Trabaja con leche de productores locales, asegurando un control riguroso de la calidad, y distribuye sus productos en todo Canadá a través de su red de tiendas. La lechería también aplica métodos ecológicos, como la metanización de residuos lácteos para generar biogás, y desde 1998 funciona como Économusée del queso, donde los visitantes pueden conocer el proceso de elaboración, ver equipos históricos y degustar sus productos, disfrutando de una experiencia educativa y sensorial completa.
Entre sus especialidades destaca este Le 1608 de Charlevoix, un queso de pasta dura, prensado y cocido, elaborado con leche de vaca termizada de raza canadiense. Su corteza rosada y pasta amarilla fundente esconden aromas delicados a mantequilla y nuez, y un sabor equilibrado con matices frutales como manzana verde y un final a avellana. Su nombre recuerda el año 1608, cuarto centenario de la fundación de Quebec, y se lanzó en 2008 para conmemorar la fecha. Se disfruta en tabla acompañado de frutas, frutos secos, miel o panes artesanales, y se funde perfectamente en gratinados, sándwiches o quiches. Marida de manera excelente con vinos blancos de cuerpo medio, cervezas ligeras o sidras secas, que realzan su sabor delicado y armonioso.
