Mar 13, 2026

Mèkkertaler

Leche: Cabra
Tipo: Pasta semidura, prensada y semicocida, corteza natural
Denominación de Origen: No
Materia grasa: 50%
Maduración: Mínimo 8 semanas
Aspereza: Suave
Vino: Stallmann-Hiestand Sauvignon Blanc Trocken (D.O Rheinhessen)
País de origen: Holanda
Región: Holanda Meridional

De Mèkkerstee, situada en Ouddorp, en la isla de Goeree‑Overflakkee, en el suroeste de los Países Bajos, es mucho más que una quesería: es una granja ecológica donde conviven tradición, sostenibilidad y compromiso social. Fundada en 2001 por Piet den Hertog, comenzó como un pequeño proyecto con 75 cabras, un establo modesto y una quesería artesanal dedicada al queso de cabra. Hoy, con unos 650 animales y modernas instalaciones de producción, mantiene intacto su carácter familiar y su enfoque humano.
La filosofía de De Mèkkerstee se centra en el bienestar animal, la ganadería ecológica y la integración social. Cada cabra recibe alimentación biológica de alta calidad y cuidados delicados, mientras que la granja ofrece empleo a 60–65 personas, muchas con necesidades especiales, integradas plenamente en el proyecto. Además de producir una amplia gama de quesos de cabra, la granja invita al público a descubrir su mundo a través del restaurante, heladería, tienda de granja y granja escuela.
Entre sus creaciones destaca el Mèkkertaler, un queso ecológico inspirado en el Emmental suizo por su característica estructura de ojos redondos y grandes. Su nombre combina “Mèkkerstee” (el nombre de la granja) con “Taler”, (rueda o disco), aludiendo a la forma redonda del queso, evocando la tradición alpina en clave holandesa. Elaborado con leche pasteurizada biológica de cabra y cuajo vegetal, su pasta semidura, firme y cremosa, se presenta con hermosos ojos grandes y corteza natural. Tras unas ocho semanas de maduración, desarrolla un aroma fresco y caprino, con sabor equilibrado, ligeramente dulce y cremoso.
El Mèkkertaler brilla en tablas de quesos acompañado de frutas frescas como higos, membrillo o uvas, y frutos secos como nueces o almendras. En la cocina, aporta carácter a ensaladas, gratinados y sándwiches calientes, fundiéndose con suavidad. Su versatilidad se extiende al maridaje: resalta con vinos blancos secos como Sauvignon Blanc o Chardonnay joven, así como con cervezas rubias artesanales o sidra, evitando tintos potentes que oculten su delicado perfil.

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