Morcella
La elaboración del queso Morcella corre a cargo de Shepherd’s Way Farms, una quesería y granja familiar situada en Nerstrand, en el sur de Minnesota, cerca de Northfield y a aproximadamente una hora de Minneapolis. El proyecto fue fundado a mediados de los años noventa por Steven Read y Jodi Ohlsen Read, quienes, pese a no proceder de una tradición agrícola familiar, decidieron construir un estilo de vida centrado en la familia, la creatividad y el trabajo ligado a la tierra. Inicialmente comenzaron criando ovejas lecheras y comercializando su leche a través de una cooperativa, hasta que en 1998 elaboraron su primer queso, Friesago, marcando el inicio de una trayectoria quesera en constante crecimiento. Actualmente, sus hijos participan activamente en distintas áreas del negocio, reforzando el carácter familiar de la empresa. Shepherd’s Way Farms mantiene una filosofía basada en el respeto por los animales y el entorno, apostando por prácticas agrícolas sostenibles y por demostrar que las pequeñas explotaciones familiares siguen teniendo un papel relevante dentro de la producción alimentaria moderna.
El nombre Morcella hace referencia a las setas colmenillas o morillas (morels en inglés), ingrediente que define la personalidad de este queso y que inspira tanto su denominación como su carácter estacional. Se trata de un queso de leche de oveja pasteurizada, de pasta blanda y corteza florida, elaborado únicamente con leche obtenida durante la primavera y el inicio del verano, cuando presenta una riqueza y untuosidad especialmente elevadas. Su pasta, de color marfil, ofrece una textura densa y cremosa que evoluciona con la maduración hacia una consistencia cada vez más untuosa y casi fundente. Presenta una corteza florida y moteada, de aspecto irregular, con manchas generadas por el desarrollo de mohos y la presencia de pequeñas partículas de colmenillas. Se comercializa generalmente en pequeños formatos cilíndricos. En nariz despliega aromas intensos y boscosos, con notas de sotobosque y setas frescas, mientras que en boca ofrece un perfil cremoso y terroso, con matices lácticos y ligeros recuerdos cítricos en su etapa más joven.
El Morcella se disfruta especialmente a temperatura ambiente, acompañado de panes artesanos de corteza crujiente, frutos secos y frutas frescas como pera o manzana, que equilibran su perfil terroso y cremoso. También puede utilizarse en cocina, fundido sobre tostadas, integrado en tablas de quesos o como complemento de platos con setas y verduras asadas. En cuanto al maridaje, armoniza especialmente bien con vinos blancos de buena acidez, Chardonnay con crianza, Pinot Noir ligeros o sidras artesanales secas.
