Brânză de vaci
El queso en Rumanía está muy ligado al pastoreo y a la tradición rural de los Cárpatos, donde durante siglos se han mantenido métodos artesanales de elaboración. Variedades como la Telemea, el Caș o el Brânză de Burduf forman parte de la dieta cotidiana y de numerosos platos populares. Entre los quesos frescos destaca la Brânză de vaci, un queso de vaca suave y ligero, muy utilizado en desayunos, postres y preparaciones caseras. Su consumo refleja tanto la importancia histórica de los lácteos como la preferencia rumana por productos sencillos y versátiles. Aunque la producción se modernizó en el siglo XX, el queso sigue siendo un elemento clave de la cocina y la identidad del país.
La Brânză de vaci, cuyo nombre se traduce literalmente como “queso de vaca”, se parece al requesón. La diferencia es que el requesón español tradicional suele elaborarse a partir del suero sobrante de otros quesos, mientras que la Brânză de vaci se obtiene directamente de leche cuajada o fermentada.
A diferencia de otros quesos rumanos más regionales, como el Brânză de Burduf, asociado a los Cárpatos, la Brânză de vaci es un queso de consumo doméstico y de carácter nacional, sin una región exclusiva de producción. Está muy extendido por todo el país y también en Moldavia.
Es un queso fresco y suave, elaborado con leche de vaca. En su preparación, la leche se calienta, se cuaja, se coloca en una tela para quesos y luego se escurre. De sabor suave y textura ligeramente granulada, es similar a quesos tradicionales de Europa del Este como el Tvorog ruso o el Twaróg polaco.
Es muy popular en el desayuno, acompañado de rábanos, cebolletas y tomates, o como relleno de empanadas y pasteles tradicionales. Es un ingrediente fundamental en la cocina rumana, especialmente en preparaciones como:
• Papanași: famosos donuts rumanos con nata agria y mermelada.
• Pască: pastel tradicional de Semana Santa.
• Plăcintă: empanadas o pasteles dulces y salados.
Suele consumirse con bebidas sencillas y tradicionales. En el desayuno es habitual tomarlo con leche, kéfir o yogur líquido. También se combina con té o café, especialmente cuando se acompaña de pan, miel o mermelada.
En definitiva, la Brânză de vaci es mucho más que un simple queso fresco dentro de la gastronomía de Rumanía. Su presencia cotidiana en hogares y mercados refleja la importancia de las tradiciones rurales y de una cocina basada en productos sencillos, naturales y artesanales. A través de su sabor suave y su versatilidad, este queso continúa formando parte de la identidad culinaria rumana generación tras generación.
