Capriciu
Anca Moga es la artesana y fundadora de Ferma Hărman, una pequeña quesería familiar situada en la comuna de Hărman, en el condado de Brașov (Rumanía). Tras abandonar la vida urbana en 2010, Anca y su familia decidieron crear una granja donde cultivar alimentos y criar animales de forma natural, buscando un modo de vida más sostenible y auténtico. Ella se encarga personalmente de la elaboración de los quesos, cuidando cada detalle del proceso y manteniendo un control directo sobre la calidad y el carácter artesanal de los productos. Su filosofía se centra en la simplicidad, la frescura y la conexión con el origen, rechazando cualquier tipo de aditivo o proceso industrial.
Ferma Hărman nació como una explotación de pequeña escala dedicada a la cría de cabras y aves, así como al cultivo de hortalizas, con la intención inicial de producir alimentos para consumo propio. Con el tiempo, la granja se transformó en una quesería reconocida localmente, que ofrece leche de cabra fresca, yogures, quesos cremosos, Telemea y especialidades maduradas como el Capriciu, un queso tipo Camembert elaborado con leche de cabra. Toda la producción se realiza de forma natural, sin colorantes ni conservantes, y con una atención especial al bienestar de los animales y al entorno.
Hoy, Ferma Hărman representa un modelo de resistencia frente a la industrialización alimentaria. Anca Moga defiende la importancia de las pequeñas granjas familiares que conservan los métodos tradicionales y un ritmo de trabajo humano, priorizando la autenticidad y el sabor sobre el crecimiento comercial. Su labor ha contribuido a poner en valor los productos rurales del área de Brașov, demostrando que la artesanía y la calidad pueden convivir con la vida moderna y ofrecer al consumidor una experiencia verdaderamente local y natural.
El Capriciu es un queso de leche de cabra producido artesanalmente por Ferma Hărman en las colinas de Brașov. Se presenta en forma de pequeña rueda, tipo camembert, y forma parte de su línea de quesos de cabra madurados. A la vista, presenta la típica corteza florecida blanca, fina y aterciopelada; al cortar o servirlo suele encontrarse en cuñas triangulares que muestran esa piel exterior blanca y, a veces, pequeñas fisuras en la pasta fruto de la maduración.
La pasta es blanda, generalmente de color marfil pálido, más cremosa y algo más consistente que un camembert de vaca muy fundente —sobre todo si está en un punto de maduración medio—, con una textura que puede variar desde suave y algo firme hasta muy untuosa en el centro cuando está plenamente maduro. En algunas piezas aparecen pequeños ojos o fisuras propias de la maduración artesanal.
En cata, ofrece aromas suaves y equilibrados: notas lácticas frescas, un toque de tierra y humus delicado, y algún matiz floral o herbáceo que recuerda al pasto de cabra. La intensidad tiende a ser más sutil que en los quesos de cabra muy curados, con una sensación final agradablemente láctea y limpia.
La forma de consumo ideal es sencilla: dejar atemperar el queso entre 20 y 30 minutos antes de servir, para que la pasta se abra y exprese sus aromas. Combina muy bien con pan rústico o crackers, miel o mermeladas de frutas ácidas (como membrillo o arándanos) y con frutas frescas o secas. También resulta excelente en tablas con embutidos suaves y acompañado de una copa de vino blanco aromático o un rosado ligero. En cocina, su punto cremoso lo hace perfecto a la plancha —para que mantenga la forma— o gratinado sobre patatas y verduras.
