Sauvaget cendré
Este queso lo elabora la Fromagerie Johnny Blanc, una quesería artesanal ubicada en Parthenay, en el departamento de Deux-Sèvres, en la región de Nueva Aquitania (oeste de Francia). La empresa se dedica principalmente a la elaboración de quesos de cabra con leche cruda, aprovechando las técnicas tradicionales de producción y un fuerte vínculo con el terruño local.
Dirigida por Johnny Blanc, figura emblemática tanto en el sector como fuera de él, la quesería trabaja con varios productores de leche locales, asegurando que la leche fresca se recoja y transforme diariamente para mantener la mayor calidad posible.
La filosofía de la empresa se basa en la producción artesanal, el uso de leche cruda y la tradición quesera, con una amplia gama de quesos que incluye formatos frescos, afinados, cendrés y aromatizados. Aunque pequeña, la quesería combina métodos tradicionales con una distribución que ha traspasado fronteras, manteniendo un equilibrio entre innovación y respeto por las raíces rurales francesas.
El Sauvaget Cendré es un queso de cabra de leche cruda que encarna el espíritu rústico y tradicional de la campiña francesa. Su nombre, “Sauvaget”, evoca lo salvaje, lo auténtico, mientras que “cendré” alude a la delicada ceniza vegetal que recubre su corteza y guía su maduración.
Cada pieza se afina cuidadosamente sobre una hoja de castaño, un detalle artesanal que protege la humedad de la pasta y aporta sutiles matices aromáticos, realzando la riqueza de su sabor. La pasta interior, de un blanco marfil cremoso, se funde suavemente en la boca, mostrando la textura delicada y tierna propia de los quesos lácticos afinados. Con un peso aproximado de 180 g, es una joya compacta de sabor y aroma.
Su maduración, breve pero suficiente, permite que se conserven sus notas frescas y naturales: aromas suaves de cabra combinados con un leve toque de sotobosque, y un sabor delicado, ligeramente a nuez, con matices lácteos que reflejan la maestría artesanal de la Fromagerie Johnny Blanc.
El Sauvaget Cendré alcanza su máxima expresión a temperatura ambiente, donde su pasta cremosa se despliega suavemente en el paladar, liberando aromas de cabra y sotobosque. Se puede disfrutar solo, acompañado de una rebanada de pan rústico o de masa madre, o realzado con frutos secos y frutas frescas o secas, que acentúan su delicado toque a nuez. En la cocina, su textura fundente lo convierte en un aliado ideal para tartines, ensaladas sofisticadas o gratinados ligeros, aportando riqueza sin opacar otros sabores. Para el maridaje, los vinos blancos jóvenes y aromáticos, como un Sauvignon Blanc o Chenin, los rosados frescos y las cervezas suaves complementan y elevan su carácter, creando una experiencia gastronómica equilibrada y memorable.
