Tome de Baden
En la húmeda y ventosa Bretaña, tierra más conocida por su mantequilla salada, sus crêpes y su sidra que por sus quesos, la tradición quesera parecía haberse mantenido en un discreto segundo plano. Sin embargo, entre prados verdes y granjas dispersas, pequeños productores han empezado a redescubrir la magia que se esconde en la leche transformada con paciencia y dedicación. Hoy, casi en secreto, nacen nuevos quesos bretones, impregnados del espíritu artesanal del Atlántico y devolviendo a la región una voz propia dentro del rico coro quesero de Francia.
La Fromagerie de la Mer es uno de esos refugios del arte quesero. Situada en el municipio costero de Baden, en el golfo de Morbihan, esta pequeña quesería artesanal lleva casi dos décadas demostrando que Bretaña también puede generar quesos con identidad propia. Su producción, deliberadamente limitada, sigue un modelo local y cercano: la leche proviene de un único rebaño de vacas de la Ferme du Golfe, en Arradon, y llega aún caliente tras el ordeño para convertirse de inmediato en la pasta que dará forma a los quesos.
Al frente del obrador se encuentra Guillaume Chenot, conocido simplemente como Guillaume, maestro quesero y alma de la casa. Su trabajo es un ejercicio de sensibilidad hacia el producto y el territorio: cada queso refleja, en textura y aroma, el carácter del paisaje bretón que lo vio nacer.
La filosofía de la quesería combina tradición y creatividad. Solo utilizan leche cruda y procesos artesanales, buscando que cada pieza exprese las estaciones, el pasto y la brisa atlántica que rodea Baden. Junto a reinterpretaciones de estilos clásicos, experimentan con ingredientes y referencias marinas, explorando la identidad de la región a través de sabores delicadamente equilibrados. La Fromagerie de la Mer defiende así una producción pequeña, natural y profundamente enraizada en su territorio.
Entre sus joyas se encuentra la Tome de Baden, un queso que lleva el nombre del municipio y evoca la autenticidad de sus raíces locales. Elaborada con leche cruda de vaca de un rebaño cercano, su pasta marfil es firme y cremosa a la vez, mientras que su corteza, natural y de un beige suave, invita a tocarla antes de probarla. Las ruedas, de 400 a 600 gramos, maduran entre cuatro y seis semanas en cámaras ventiladas, desarrollando aromas lácteos, notas de mantequilla fresca y un delicado equilibrio entre dulzor y un sutil toque salino, reflejo del Atlántico.
La Tome de Baden se disfruta mejor a temperatura ambiente, acompañada de panes rústicos, nueces o frutas frescas como manzana y pera. Su textura, firme pero fundente, la convierte en una elección perfecta para tablas de quesos, gratinados suaves o fundidos sobre verduras. Marida de manera excepcional con sidras y vinos blancos ligeros de Bretaña, así como con cervezas artesanales de carácter suave, que realzan su delicado perfil salino y lácteo.
En cada bocado, la Tome de Baden cuenta una historia de Bretaña: sus prados, su mar, su paciencia y su arte.
