Abr 23, 2026

Valleclaro

Leche: Cabra
Tipo: Pasta blanda, corteza con carbón de hueso de aceituna
Denominación de Origen: No
Materia grasa: No definido
Maduración: De 15 a 20 días
Aspereza: Suave
Vino: Celeste Verdejo (D.O. Rueda)
País de origen: España
Región: Jaén (Andalucía)

Este queso nace en Lácteos Romero Peláez, conocida como Quesos & Besos, una joven quesería artesanal asentada en Guarromán (Jaén). Fundada en 2016 por Silvia Peláez y Francisco Romero, herederos de una larga tradición caprina, su proyecto es un delicado equilibrio entre memoria y vanguardia. En cada pieza late el respeto por la tierra de Sierra Morena, el cuidado del rebaño y una forma de entender el oficio donde la paciencia y el detalle lo son todo.
Sus quesos, elaborados exclusivamente con leche de cabra de su propia ganadería, han situado a la quesería entre las más admiradas del país. Creaciones como Olavidia, coronado Mejor Queso del Mundo en los World Cheese Awards 2022, o este Valleclaro —Medalla de Oro en GourmetQuesos 2026—, hablan de una personalidad única. Más allá de los premios, Quesos & Besos encarna un arraigo sincero: el paisaje hecho sabor.
Valleclaro es un queso de leche pasteurizada de cabra malagueña en pastoreo, elaborado sin cuajo, dejando que el tiempo y las bacterias lácticas obren el milagro. Se moldea a mano y se voltea con cadencia casi ritual, afinándose después en cava durante semanas, hasta que su corteza florece. “Somos pastores de moho”, dice Silvia Peláez, como quien cuida un jardín invisible.
Su aspecto ya anticipa su carácter: mitad carbón vegetal, mitad pureza láctica. Una dualidad que habla de contraste, de unión, de dos caminos que se encuentran. También de Silvia y Paco, de su historia compartida.
Antes incluso de llevarlo a la boca, Valleclaro seduce. Su textura, casi líquida, promete lo que después cumple: una cremosidad envolvente, fresca, con matices que se despliegan lentamente. La corteza, afinada con carbón de hueso de aceituna, aporta profundidad y un sutil eco terroso.
A temperatura ambiente alcanza su plenitud. Sobre un buen pan, con frutos secos o un hilo de miel, se expresa con naturalidad. En cocina, su delicadeza realza sin imponerse. Acompañado de un vino blanco fresco o un espumoso, encuentra armonía. Valleclaro no es solo un queso: es una pausa, un paisaje, una emoción que permanece.

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