Tegeleir
Este queso es elaborado por Kaasmakerij Catharinadal, una quesería artesanal familiar situada en Hamont-Achel, en una antigua granja-convento franciscano del norte de Limburgo (Bélgica), donde la tradición quesera y la innovación se combinan para crear una amplia gama de quesos y productos lácteos. El proyecto está dirigido por los hermanos Peter y Bert Boonen, junto a sus esposas Riet y Carine, quienes gestionan y trabajan la granja con dedicación y pasión. La familia lleva varias generaciones vinculada a esta histórica finca, estrechamente ligada al patrimonio rural de la región, y desde principios de los años 90, Peter Boonen impulsa el desarrollo de la producción quesera en el lugar.
La filosofía de Catharinadal se centra en la elaboración de quesos mediante métodos tradicionales y materias primas de máxima calidad. Emplean principalmente leche cruda de su propio rebaño de vacas, complementada con leche de cabra y oveja de productores locales, evitando la pasteurización para preservar sabores, enzimas y nutrientes naturales. Este enfoque artesanal se refleja en un catálogo diverso que incluye quesos duros, tiernos, frescos y especiados, como el premiado azul Grevenbroecker, así como especialidades singulares, entre ellas los quesos lavados con cerveza local, como este Tegeleir. La quesería también apuesta por la experimentación constante y el contacto directo con el público a través de su tienda, visitas guiadas y degustaciones.
El Tegeleir es un queso artesanal cuyo nombre deriva del neerlandés tegel (baldosa o ladrillo). El término tegeleir, que en flamenco significa “fabricante de tejas”, alude tanto a antiguos oficios locales como a su formato rectangular y compacto, que recuerda a una teja, tradicional en quesos de la región. Se elabora con leche cruda de vaca de su propio rebaño, reforzando su carácter territorial.
Es un queso de pasta blanda a semiblanda, flexible y cremosa, de color marfil claro, cubierta por una corteza lavada con cerveza local, que adquiere tonos anaranjados y un aspecto ligeramente húmedo. Su maduración es corta, generalmente de 4 a 6 semanas, lo que preserva una textura joven y expresiva.
En nariz ofrece aromas intensos y rústicos, con notas de levadura, cereal y establo. En boca es suave, pleno y bien definido, con sabores lácticos, matices maltosos de la cerveza, un punto salino y un final persistente, equilibrado y ligeramente amargo.
Se disfruta mejor a temperatura ambiente, servido en lonchas o cubos, acompañado de panes rústicos, frutos secos o frutas frescas y secas, como peras, manzanas, higos o nueces. En la cocina puede incorporarse con delicadeza en quiches, gratinados suaves o salsas cremosas, aportando sabor sin comprometer su textura. Para maridar, combina de manera excelente con cervezas belgas tipo ale o trapista, así como con vinos blancos secos o tintos ligeros, que equilibran su carácter sin opacarlo. Su versatilidad lo hace ideal tanto para aperitivos como para platos más elaborados.
