Rikske
Queso elaborado por Melkerhei, una quesería familiar ubicada en las onduladas colinas del Hageland, en Neerlinter (Linter), provincia de Brabante Flamenco, Bélgica. La empresa la dirigen Gerrit (el patriarca, con raíces en la tradición lechera heredada de su madre Lucienne), su hijo Pieter (experto en ganadería) y Martine (especialista en procesamiento de leche), con apoyo moral de los otros hijos Niels y Jonas, y las nueras.
Su filosofía se centra en volver a lo esencial: productos lácteos puros de cadena corta, directamente de la granja al consumidor, sin intermediarios ni procesos innecesarios, priorizando la frescura, la calidad y el respeto por la naturaleza. Cuentan con 75 vacas lecheras sanas y bien cuidadas, cuya leche cruda se controla estrictamente para garantizar su pureza.
Operan la tienda de granja Chez Meme y participan en mercados como Boeren en Buren y Kort’om, promoviendo el contacto directo con el consumidor y la sostenibilidad local. En 2019 ganaron el premio Kort Keten Kop por su modelo innovador, que incluye foodtrucks y nombres de quesos inspirados en familiares, como el premiado Clémence. Esta pasión familiar produce quesos artesanales como este Rikske, mantequilla y yogures, enfatizando autenticidad y amor por lo puro.
El Rikske es un queso artesanal, y se engloba dentro del estilo Saint-Paulin, un tipo tradicional de queso semiblando con influencias francesas (heredero del Port Salut) caracterizado por su textura suave y corteza lavada ligera.
Su nombre proviene de “Rikske”, el apodo del abuelo de la familia y fundador de la quesería, que inspiró esta receta. Este hombre, trabajó en las minas de carbón, era un trabajo duro y exigente que le costó sangre, sudor y lágrimas. Para honrar su dedicación y perseverancia, el queso Rikske tiene una característica corteza negra, una sutil referencia al polvo de carbón que antaño formaba parte de su vida diaria.
Este queso se elabora con leche cruda de vaca, lo que le confiere una expresión más rica y compleja de los sabores lácteos típicos del terruño belga.
La textura de su pasta es semiblanda, cremosa y algo elástica, con un color que tiende hacia el marfil claro, mientras que su corteza presenta tonos más oscuros debido al uso de cerveza en el proceso de afinado, aportándole caracteres aromáticos particulares. La corteza negra de cera no es comestible y sirve tanto para proteger como para marcar la identidad del producto.
El tiempo de maduración suele ser corto o medio (4-6 semanas), como corresponde a los quesos tipo Saint-Paulin, lo que favorece una textura tierna y un perfil de sabor accesible.
El Rikske ofrece aromas lácteos suaves con matices de malta y cerveza, un sabor suave pero distintivo, con notas dulces y un ligero toque salino que refleja bien la tradición quesera belga y la personalidad de su nombre.
El Rikske se disfruta mejor a temperatura ambiente, lo que permite que su textura semiblanda se vuelva más cremosa y se expresen plenamente sus aromas lácteos. Es excelente en tabla de quesos, acompañado de pan rústico o pan brioche, así como con frutos secos y frutas frescas de perfil suave como pera o manzana. En cocina, funciona muy bien fundido: en gratinados, quiches, croque-monsieur, tostadas calientes o sobre verduras asadas, donde aporta cremosidad sin dominar el conjunto. También puede utilizarse en salsas suaves para pasta o patata. Marida especialmente bien con cervezas belgas rubias o ambarinas, que armonizan con su dulzor lácteo, y con vinos blancos frescos y poco aromáticos, como un Chardonnay joven o un Pinot Blanc.
