Bidlea Blue
La quesera británica Claire Burt es la fundadora y alma creativa de la pequeña quesería artesanal Burt’s Cheese, ubicada en la granja Bidlea Dairy. Su proyecto comenzó en 2009 como un hobby en su cocina, aunque su formación en ciencia de los alimentos y su experiencia en la industria láctea le proporcionaron la base técnica necesaria para desarrollar sus propias recetas.
El reconocimiento llegó en 2010, cuando su primer queso destacado, Burt’s Blue, obtuvo una medalla de oro en el International Cheese Show de Nantwich. Este éxito impulsó a Burt a profesionalizar su actividad, convirtiendo su pasión en una pequeña empresa artesanal. Actualmente, junto al quesero Tom Partridge, produce quesos manualmente y en lotes reducidos, priorizando la calidad y la experimentación sobre la producción masiva.
La filosofía de Burt’s Cheese combina tradición e innovación: respetar las técnicas clásicas de afinado y maduración, explorando a la vez nuevos estilos y sabores. Esto ha dado lugar a creaciones como Bidlea Blue, Drunken Burt y otros quesos experimentales de producción limitada.
El Bidlea Blue debe su nombre a la granja Bidlea Dairy, donde se trasladó la producción en 2023. Se elabora con leche pasteurizada de vacas Holstein-Friesians propias, utilizando Penicillium roquefortii y cuajo vegetal. Su pasta, húmeda pero ligeramente desmenuzable, es de color blanco marfil con vetas azules, inspirada en el estilo Cheshire tradicional. La corteza natural se cubre con hojas de vid lavadas con sidra Gwatkin’s Cider, que aportan un toque distintivo y protegen la textura durante la maduración.
En su proceso, el queso se perfora a la semana para favorecer el crecimiento del moho azul y, entre los días 10 y 14, se envuelve en hojas de parra empapadas en sidra. La maduración completa dura 10–12 semanas, durante las cuales la pasta desarrolla una textura fundente y complejidad aromática.
En nariz, Bidlea Blue despliega un aroma elegante: notas lácticas frescas, matices terrosos y de champiñón, con un toque afrutado y dulce procedente de la sidra, y un ligero perfume vegetal de las hojas de parra. En boca, es cremoso, untuoso y equilibrado; combina sabores mantecosos y ligeramente salados con un azul delicado pero persistente, rematado por un retrogusto suave, ligeramente ácido y afrutado.
Se disfruta mejor a temperatura ambiente y marida con frutas frescas o secas, nueces y panes artesanos. También acompaña perfectamente vinos blancos afrutados, espumosos o sidras suaves, resaltando su carácter equilibrado y complejo, ideal tanto para tablas de queso como para platos gourmet.
